domingo, 26 de octubre de 2008

Fragmentos de Gato*


“Aquél que no se queda pasmado frente a la teoría cuántica es porque no la ha comprendido”

- Niels Bohr



1. …Mientras ella decía esto, miró hacia arriba, y ahí estaba el Gato otra vez, sentado en la rama del árbol.

‘¿Dijiste cerdo o cuerdo?’ dijo el Gato.

‘Dije cerdo’ contestó Alicia; ‘y me gustaría que dejaras de aparecer y desaparecer tan repentinamente: me pones un poco nerviosa’.

‘Como gustes’ dijo el Gato; y esta vez desapareció poco a poco, comenzado por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, la cual permaneció algún tiempo después de que el resto se había ido.

‘¡Vaya! Muchas veces he visto un gato sin sonrisa’ pensó Alicia; ‘¡pero una sonrisa sin gato! Es la cosa mas curiosa que he visto en mi vida.’

- Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas**


2.
El Joven Thomas miraba, desde el risco, como las olas entraban a la bahía. ‘Son círculos’ le explicó al gato que aparecía poco a poco; ‘y se persiguen uno a otro como tu sonrisa persigue tu cara’.

‘Yo persigo a la Luna pero necesito mi sonrisa para llamarla por su nombre’ dijo el Gato.

‘No necesitas llamarla, su Luz te sigue a donde vayas’ reflexionó el Joven Thomas; ‘como las olas en el mar’. De su bolsillo sacó dos pequeños agujeros y obligó a la Luz de la Luna a pasar a través de ellos; y la Luz y las olas fueron Uno. ‘¿Dónde podré encontrar un barco para navegar sobre las olas que brillan?’ preguntó el Joven Thomas.

‘Tal vez en algún otro agujero’ contestó el Gato; pero el Joven Thomas no pudo escucharlo porque había envejecido. ‘Es una lástima’ pensó el Gato; ‘¡era tan joven!’


3. ‘Es una lástima porque antes era demasiado joven para escuchar a Isaac el Grande, y ahora es demasiado viejo para recordarlo’ dijo Max, ‘pero las olas no pueden brillar, sólo los corpúsculos tienen el derecho de hacerlo’.

‘Las olas deben brillar’ corrigió el Gato; ‘la Reina lo ha ordenado para no tener que cambiar las reglas del croquet’.

‘No sólo hay que cuidar el croquet’ dijo Max mientras tomaba uno de los agujeros del Joven Thomas y lo acomodaba en el fondo de un tubo. ‘Esta es mi mascota Cuerpo Negro, se alimenta de canicas brillantes que rebotan en la Luna; si las olas brillaran mi mascota se indigestaría’.

‘Y el Sol nos quemaría’ aceptó el Gato; ‘pero entonces deberías aprender a jugar a las Canicas’.

‘En realidad no deseo jugar un juego del que nadie conoce realmente las reglas’ dijo Max; ‘prefiero probar la realidad, que no es más que una delgada rebanada de un solo sabor, cortada de un amplio pastel cuyos sabores tratamos de imaginar’.

‘Podrías comer los pasteles de la Reina si es que te invita a jugar croquet’ contestó el Gato; ‘no es seguro que los pruebes todos pero es probable que pierdas la cabeza’. Luego añadió ‘tomaré los agujeros del envejecido Joven Thomas, son un presente que me ha dejado’.

‘Querrás decir que son un pasado’ corrigió Max. Pero el gato ya había desaparecido.


4. ‘¡A sus lugares!’ gritó la Reina con voz de trueno, ‘aquél que pueda mover mi electrón no perderá la cabeza’ y todos comenzaron a correr en todas direcciones y a mojar a los electrones con olas brillantes. Pero algunas veces los electrones se movían y otras veces permanecían quietos. La Reina sonreía.

‘Sería más divertido jugar con las Canicas de Max’ dijo Albert. Luego acomodó una canica blanca en el césped, tomó de las patas a su flamingo y empujó su canica. La canica golpeó un electrón y éste se movió. Albert sacó más canicas blancas y comenzó a mover los electrones hasta llegar al de la Reina. Sacó una canica blanca, la pintó de azul, golpeó con ella al electrón de la Reina y éste salió disparado.

‘Que cada quien tome una canica y le pegue a los electrones, ¡el que los mueva perderá la cabeza!’ dijo la Reina muy enojada.

Albert tomó una canica blanca, la pintó de rojo, la golpeó con todas sus fuerzas contra un electrón y éste no se movió. Después puso otra canica pintada de rojo en el césped, pidió que apagaran las luces e hizo pasar la canica por dos arcos al mismo tiempo, la ola-canica-roja golpeó todos los electrones pero ninguno se movió.

‘Pero qué haces ¿intentas arruinar el juego?’ preguntó la Reina; y añadió ‘verdugo, córtale la cabeza’.

‘Yo intento conocer cómo el Más Anciano creó este mundo. No me interesa tal o cual juego, ni el sabor de tal o cual pastel. Quiero conocer Sus pensamientos; el resto son detalles’ contestó Albert.

‘Las olas brillantes del Joven Thomas y las Canicas de Max deben ser el mismo pensamiento’ dijo el Gato.

‘Nunca he separado una cabeza de un pensamiento’ dijo el verdugo; ‘y no pienso hacerlo en este punto de mi vida’.

‘Entonces que conserve su cabeza’, aceptó la Reina.


5. ‘Las reglas del croquet deben cambiar’ dijo la Reina; ‘las olas-canicas están prohibidas, quien las use perderá la cabeza, cada quien usará un puercoespín para mover los electrones’.

‘¡Mon Dieu! Pero si son la misma cosa’ se lamentó Louis; ‘las olas, las canicas, los puercoespines, los electrones, los pasteles, todo es lo mismo ¿cómo jugaremos ahora?’.

El Gato acomodó los agujeros del Joven Thomas en el campo de juego y apagó las luces. Louis tomó su flamingo y golpeó un electrón, y éste pasó al mismo tiempo por los dos agujeros. Después hizo rodar a su puercoespín siguiendo los tonos del piano. Sacó una bolsa de canicas, comenzó a golpear canicas, electrones y puercoespines. Las canicas se convertían en olas, volvían a ser canicas y golpeaban a los electrones que saltaban de un puercoespín a otro.

‘¡No interfieras con el juego!’ gritó la Reina. Luego prendió las luces y las canicas se quedaron como canicas, los electrones pasaron por un solo agujero y los puercospines dejaron de rodar.

‘La única opción entonces es jugar con los ojos cerrados’ dijo Louis.

‘Yo cierro los ojos frente al agua y el jabón’ dijo el Gato; ‘pero me gusta ver los colores que aparecen en las burbujas del agua con jabón’.

‘Que aunque no lo parezcan son la misma cosa, al igual que todo lo que es’ añadió Louis.

‘Yo estoy de acuerdo con ustedes’ dijo la Duquesa; ‘y la moraleja es – puedes ser lo que pareces – o si ustedes gustan lo puedo decir aún más simple – jamás te imagines no siendo otra cosa más que aquello que puedas parecer a los demás que tú eras o que puedas haber sido siendo no otra cosa más que lo que has estado pareciendo a los demás de cualquier modo-’.

Las luces se apagaron. Todos corrieron de un lado a otro y comenzaron a jugar. Las olas brillaron, las canicas golpearon a los electrones, los electrones saltaron entre los puercoespines, los puercoespines rodaban siguiendo los tonos del piano, las crestas crecieron y los valles se hundieron. En la conmoción sólo se podía escuchar a la Reina gritando que les cortaran la cabeza.

‘Preferiría ser un zapatero o un empleado en un casino que seguir con este juego’ se lamentó Albert; ‘en situaciones como ésta uno sólo puede retirarse a tomar el té’.


6.
La Oruga miró detenidamente a Werner por un tiempo. Finalmente sacó la pipa de su boca y le habló. ‘¿Quién eres?’ preguntó la Oruga.

‘Ya no lo sé’ respondió Werner timidamente; ‘ahora sólo sé quién era esta mañana pero todo ha cambiado’.

‘¿Qué significa eso?’ dijo la Oruga; ‘¡explícate!’

‘Escuché lo que sucedió en el juego de croquet de la Reina’ explicó Werner; ‘decidí hablar con Albert y darle mi opinión: “ya que es aceptable permitir en un juego sólo lo que podemos ver y golpear, pensé que lo más natural sería restringirme a esto, jugando sólo con los puercoespines, no con los electrones que saltan en ellos”. A lo cual Albert me respondió “Pero no puedes creer seriamente que sólo lo que observamos debe estar en el campo de juego”. Asombrado respondí “pero yo pensé que eso era exactamente lo que tú habías hecho al organizar las reglas Relativas del juego”. Albert sólo dijo “tal vez usé esta forma de pensar pero de todas maneras son tonterías, porque sólo en el campo de juego se decide lo que podemos observar”. Y así terminó nuestra conversación.’

‘Te diré algo importante’ dijo la Oruga; ‘¿Estás contento ahora?’

Werner se quedó callado, desconcertado por la pregunta. La Oruga fumó un poco más de su pipa. Después se bajó del hongo en que estaba sentada, se arrastró por el pasto y mientras se iba alcanzó a decir ‘Escoge: un lado te dará una invitación al juego y el otro una invitación para comer pasteles, un lado te dará la Ciencia y el otro la Guerra, un lado la Nación y el otro tus Amigos, un lado la Velocidad y el otro la Posición;’.

‘¿Por qué no puedo tener los dos?’ se lamentó Werner en voz baja.

‘Werner el indeciso’ susurró la Oruga.

‘Werner el incierto’ corrigió el Gato.


7. Niels, Margrethe y Werner se sentaron en la mesa a tomar el té. Platicaron de aquellos buenos tiempos cuando trabajaban juntos. Pero Niels no puede olvidar la decisión de Werner de publicar su principio de incertidumbre sin revisarlo antes: ‘Esa no era la manera en que trabajábamos.’

‘La manera en que trabajábamos consistía en hacerme perder la cabeza’ respondió Werner.

‘Pero cometiste un error fundamental’ dijo Niels.

‘¡Sacudí el Universo que te rodea y lo único que puedes decir es que hay un error en la formulación¡’ gritó Werner. Paró a Margrethe junto a la mesa y dijo ‘¡Escucha!, Copenhagen es un átomo. Margrethe es su núcleo. ¿Cómo va la escala? ¿Diez mil a uno? Ahora, Niels es un electrón. Vaga por los rincones de la ciudad en la oscuridad, nadie sabe donde está. Ahí está, no, por allá, está en todos lados y en ninguna parte.’

Werner tomó una lámpara, la prendió, y continuó ‘Yo soy un fotón. Un cuanto de luz. He sido enviado en la oscuridad para encontrar a Niels… Y tengo éxito… Miren todos ¡Niels ha reducido su velocidad, se ha detenido y ha cambiado su rumbo!’

‘¡Pero Werner, Werner! Tú también te has detenido’ dijo Niels
- Michael Frayn, Copenhagen**


8. El gato apareció lentamente en la repisa de la habitación. Niels lo observó y dijo ‘Ahí esta la prueba, el gato no existía porque no lo habíamos visto, es más, ni siquiera hemos visto el camino por donde llegó.’

‘Yo creo que la existencia del camino puede ser formulada como sigue: el camino logra su existencia cuando alguien lo observa’ añadió Werner.

‘Pero yo tampoco los había visto a ustedes’ dijo el Gato.

‘En efecto, nosotros no existíamos’ respondió Niels; ‘gato, necesito que hagas lo siguiente, ve al bosque pero deja aquí tus orejas y tu sonrisa, así podrás ver que un árbol no hace ruido cuando cae si nadie tiene orejas para escucharlo y, además, podrás contárnoslo en el mismo momento en que el árbol cae.’

‘Pero jamás podremos saber en qué momento caerá el árbol’ dijo Werner; ‘En la regla del juego que dice -si conocemos exactamente el presente, podemos calcular el futuro- lo que está mal no es el final, sino el principio”.


9. ‘Werner, yo ya sabía de tus reglas del juego pero me sentí desanimado, por no decir repelido, por tus métodos trascendentales y por la imposibilidad de imaginar’ dijo Erwin; ‘en el fondo las canicas son olas y nada más que olas, las reglas del juego han cambiado pero en el fondo permanecen igual.’

‘En lugar de enviar al gato al bosque, lo meteremos en una caja’ dijo Erwin mientras cargaba al gato ‘porque siguiendo las reglas de las canicas uno puede incluso pensar juegos ridículos: dentro de la caja hay un dispositivo diabólico, una minúscula cantidad de sustancia radiactiva, tan pequeña que sólo tal vez en el curso de una hora uno de los átomos decae, pero también, con igual probabilidad, tal vez ninguno lo hace; si sucede, entonces un martillo romperá una botella con veneno. Si no tocamos la caja por una hora, podríamos decir que el gato está vivo si mientras tanto ningún átomo ha decaído. Pero al primer decaimiento el gato se habría envenenado. Siguiendo las reglas de Werner el gato vivo y el gato muerto estarán mezclados por partes iguales dentro de la caja; mientras no la abramos el gato estará vivo y muerto a la vez.’

‘Hay incertidumbre en Verdad, pero no todo es incierto, la incertidumbre tiene un límite’ contestó Werner; ‘la Verdad es que nunca nada sucede, la sustancia nunca decae, sólo aumentan las probabilidades’.

‘¡Momento!’ dijo Niels; ‘en esta vida hay dos clases de Verdades, las verdades triviales y las Grandes Verdades, lo contrario a una verdad trivial es a todas luces falso, lo contrario a una Gran Verdad es también Verdad.’

‘Entonces gato, cuando después de una hora estés en Verdad vivo y muerto a la vez, toma la lámpara de Werner y métela también en la caja’ continuó Erwin; ‘prende la lámpara un minuto y apágala otro minuto, luego préndela medio minuto y apágala medio minuto, continúa prendiéndola un cuarto de minuto y apagándola otro cuarto de minuto, sigue así por un octavo de minuto, luego un dieciséisavo, un treintadosavo… Al final de una hora con cuatro minutos serás un gato vivo y muerto a la vez, y tendrás una lámpara prendida y apagada a la vez.’

‘No, la lámpara no puede estar prendida y apagada a la vez, sólo el gato puede hacerlo’ corrigió Niels; ‘la lámpara estará un cuanto prendida y un cuanto apagada.’

‘Si hubiera sabido que ni siquiera en el fondo me puedo deshacer de las condenadas canicas, jamás me hubiera metido en este juego’ se lamentó Erwin y se sentó a esperar; ‘no me gusta, me arrepiento de haber tenido que ver con todo esto.’

Después de una hora y cuatro minutos salió el gato vivo y muerto a la vez, sonriendo, con su nueva lámpara un cuanto prendida y un cuanto apagada. Los miró a todos y dijo ‘yo estoy loco y ustedes también lo están, de lo contrario no estarían aquí. Afortunadamente podemos ir a Solvay. Ahí es nuevamente la hora del té.’


10. ‘No es lo mismo decir lo que uno piensa que pensar lo que uno dice’ dijo el Sombrerero; ‘Tampoco es lo mismo ver borroso que ver el humo del té’

‘Todo es cuestión de qué tan lejos o qué tan en el fondo estemos’ dijo el nuevo recién Nacido Max; ‘Werner y Erwin tienen ambos la razón: en el fondo las canicas son olas pero ni siquiera en el fondo se puede jugar sin canicas. Un nuevo juego ha nacido, tomemos el té para festejar.’

‘Este nuevo juego ciertamente estará de moda. Pero una voz interior me dice que no debo jugar. Las reglas no son malas pero no nos acercan a los secretos del Más Anciano, quién es sutil pero no malicioso’ respondió Albert, ‘porque si de algo estoy seguro, es que Él no juega a los dados.’

‘Albert, deja de decirle al Más Anciano qué hacer’ contestó Niels.

‘¡No hay espacio, no hay espacio!’ gritó la Liebre de Marzo cuando vio que otros se acercaban, pero la mesa era muy grande y estaba servida para muchas personas.

‘Pudiera ser que las canicas viajan como olas pero llegan como canicas’ dijo uno de los recién llegados. ‘Pudiera ser que el gato está vivo aquí con nosotros pero hay otro gato muerto con otros nosotros’ dijo otro. ‘Pudiera ser que las canicas viajan por todos los caminos posibles’ dijo alguien más. ‘¡Momento! Si el gato observa con atención puede colapsar las olas y se mantiene vivo’ dijo alguien más allá. ‘No son olas ni canicas, son cuerdas que cantan dando los tonos del piano’ dijo alguien más acá. Y todos comenzaron a hablar al mismo tiempo.

‘¡Silencio! Las cosas muy pequeñas no se comportan como todas las cosas que ustedes conocen. No se comportan como olas, no se comportan como canicas, no se comportan como el humo, ni como nada que ustedes hayan visto.’ dijo Richard; ‘Es tiempo de contarles una historia: érase una vez un periódico que dijo que sólo 12 personas entendían las reglas Relativas del juego, lo cual no creo porque después de que Albert las escribiera, muchas personas las leyeron y las entendieron. Por otra parte, puedo decir que nadie entiende las reglas de las olas-canicas… No se pregunten “¿pero cómo puede ser así?” porque irán directo a un callejón del que nadie ha salido. Sólo desperdiciarán el tiempo preguntándose cómo puede ser así.’

‘Si tú conocieras al Tiempo tan bien como yo,’ dijo el Sombrerero, ‘no hablarías de desperdiciarlo. Él se desperdicia a sí mismo.’

‘Yo no conozco al Tiempo, pero he visto su Flecha’ dijo Stephen, ‘si queremos imaginar el principio lo único que tenemos, aunque no estén completas, son las nuevas reglas del juego y, dependiendo de las fronteras, es posible que las nuevas reglas nos ayuden a llegar al final.’

El Gato sonrió y recordó como había conocido a la niña más hermosa que jamás había visto desde el principio de su propia flecha del tiempo.


11. ‘Minino de Chesire’ ella comenzó a decir, un poco tímida, pues no sabía si le gustaría ese nombre: de todos modos, el gato sólo amplió un poco su sonrisa. ‘Vamos, está sentado tan lejos’ pensó Alicia, y continuó. ‘¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?’

‘Eso depende en buena manera del lugar al que quieras llegar’ dijo el Gato.

‘No me importa mucho donde…’ contestó Alicia.

‘Entonces no importa cual camino tomes’ dijo el Gato.

‘…siempre y cuando llegue a ALGUN lugar’ añadió Alicia como explicación.

‘Ah, seguro que lo harás’ dijo el Gato, ‘sólo debes caminar lo suficiente’.

- Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas**



* Algunos diálogos y personajes han sido tomados del País de las Maravillas y algunos otros de la Vida Real porque, en el fondo, son lo mismo.
** Traducción propia
*** Traducción y adaptación propias